Cuando los helados lloran, destilan sabor a frambuesa y chocolate…
Entre las mil hojas, un momento.
Entre los miles de rayos de sol, una sombra.
Entre los miles de problemas, una esperanza.
Ente miles de engaños, un sencillo regalo.
Entre miles de prejuicios, una grata sorpresa.
En verdad ser niño es algo que todos llevamos dentro. Un poco de malicia, un poco de inocencia y un poco de ingenuidad, que a veces trasciende nuestro limite fisico y muchas veces somos arrastrados desde nuestro intelecto hasta nuestras emociones hasta vernos saltando en una cama hasta el cansancio.
Más tarde nos volvemos responsables y elegimos hacer de nuestra responsabilidad un viaje muy aburrido. Cegados por el trabajo y la rutina, no podemos volver a nosotros mismos. Una coraza de insensibilidad hacia lo que nos rodea.
Ser niño, ser ingenuo…llorar en las caídas, alegrarse en las recompensas. Creí que los helados de invierno harían que me resfriara, pero estoy más sano que nunca! Cuando los helados lloran, te dejan las manos empapadas de sabor… que aunque un perro desprecie al compartirle… aunque ni siquiera se coma el barquillo… el sabor jamás se irá…
Todas las hojas de otoño mas un poco de dulce de leche, son la receta perfecta para las “milhojas” que tuve que probar…



